III Historia y Arte

Páginas 169-172


El ciclo de frescos de la iglesia de Santa María de Labrada

Las pinturas murales se disponen a lo largo de los muros de la nave, interrumpidas por las ventanas y la puerta. Fueron descubiertas en la restauración que se realizó en la década de 1990.  Cronológicamente, hay varios momentos, pero todas se sitúan entre principios y mediados del siglo  XVI. Según son más modernas, asumen más los postulados renacentistas, aunque dominan las fórmulas del gótico hispano-flamenco del siglo XV. 

En cuanto a los maestros, se distinguen varias manos. Todo esto dificulta saber cuál sería el programa pictórico primitivo, siendo posible la existencia de ciclos dedicados a la Pasión o al Juicio Final.

Manteniendo el orden dispuesto, comenzamos por el muro norte:

- Una cenefa con la inscripción: “Estas obras fezo fazer f(...) bas”, la cual indica el nombre de uno de los promotores de la obra, que desconocemos debido al mal estado de la pintura.

- Busto de un ángel con los instrumentos de la Pasión, en concreto, la lanza y la cruz.

San Juan Bautista / Calvario
- Cristo con la cruz a cuestas hacia el Calvario, acompañado de otros cuatro personajes, que son soldados: uno vigila, otro le golpea con una vara y le tira de los pelos, otro le da un puñetazo en la cara y el cuarto tira de él por medio de un ronzal que lleva al cuello, como si fuese una bestia que va al matadero (esta cuerda permite ponerlo en paralelo con el Cordero del Sacrificio, convirtiéndose así en el símbolo de la Redención).

- San Juan Bautista: con su nombre escrito, lleva largas melenas y barba, va vestido con su típica túnica de pelo de camello y porta un libro con el Cordero Místico encima. Es su imagen más típica como asceta en el desierto. El dedo índice está señalando; este gesto proviene del Bautismo de Cristo en el que señaló al mismo diciendo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Así, señala a Cristo en su Calvario como Redentor.

Martirio de S. Sebastián
- Debajo, un tema profano, lo que parecen ser dos animales difíciles de identificar dado el mal estado de la pintura. Hay unas patas que parecen las de un gallo y los cuartos traseros de un cuadrúpedo. Todo parece indicar que es una fábula introducida por flamencos y alemanes, en la que un zorro se las ingenia para ganar la confianza de un gallo, con adulaciones, con el fin de poder engullirlo, junto con el resto del gallinero. La moraleja es un aviso contra los embusteros y los hipócritas.

- Martirio de San Sebastián: la escena parece ubicarse en un interior, en el que el suelo ajedrezado y multicolor no consigue efecto de perspectiva. El santo está atado a una columna, gótica; un soldado, vestido como en la época de la pintura, le apunta con una ballesta; también hay otro verdugo que ha sido cortado por el vano de la ventana. Este santo tuvo una gran difusión en la Edad Media, se le atribuye el poder de detener las pestes.

San Cristóbal
- San Cristóbal cruzando las aguas con su bastón y el Niño al hombro: San Cristóbal era un bandolero que se convirtió al cristianismo y se dedicó a ayudar a viajeros a atravesar las aguas de un río peligroso. Un día hizo esto con un niño, pero cada vez pesaba más y tuvo que ayudarse de un tronco, el niño resultó ser Cristo. Se representa barbado, de gran tamaño, con el Niño en el hombro, apoyado en el tronco, vestido con capa encarnada, señalando al cielo y con la bola del mundo en la mano. Es protector contra la “muerte súbita sin confesión” o “mala muerte”: en la Edad Media se creía que, con mirarle, uno se libraba por todo el día de esa muerte, por ello se colocaba a la vista; en esta iglesia, su imagen se corresponde con la puerta lateral, de forma que es la primera imagen y la última que el fiel ve.


San Jorge
- De nuevo una escena truncada por otra ventana. Se trata de un San Jorge atravesando con su lanza al dragón, sobre un terreno de piedras y agua que da una ligera idea de profundidad y en el que la princesa queda sobre un pequeño peñón. Presenta su imagen habitual: caballo, armadura y lanza. La princesa lleva un cordero, símbolo de Cristo, por el cual San Jorge vence, es decir, la fe vence al mal. Es el patrón de los caballeros y un santo cuestionado; su leyenda vino a través de las Cruzadas y se representó mucho desde el siglo XIII.

Bautismo de Cristo
- Bautismo de Cristo, en el río Jordán. San Juan Bautista, vestido con hábito marrón, está echando agua por la cabeza de Jesús, que viste un paño. Un ángel le sostiene una túnica marrón, color inusual ya que suele ser el blanco, símbolo de pureza. Suele ser habitual la paloma, que representa al Espíritu Santo, aquí no la vemos, aunque puede haber estado en la laguna sobre la cabeza de Jesús.

- Santa Margarita, muy deteriorada, con el nombre a sus pies. Lleva como atributos, el dragón que la devoró mientras oraba en la cárcel, y la cruz, con la cual le perforó el vientre para salir indemne de él.

Siguiendo por el muro sur:

- Dos pinturas cuyo deterioro nos impiden identificarlas, aunque tenían su nombre escrito. Una santa, probablemente mártir, y un santo.
Santiago Matamoros

- Santiago Matamoros, con el estandarte y la espada. La imagen del Iacobus Miles Christi (“Jacobo Soldado de Cristo”) aparece a finales del siglo XI, nacido de la necesidad de una protección guerrera para los cristianos frente a la amenaza musulmana. El caballo blanco, la túnica y los combatientes moros a sus pies, junto con el sombrero de ala ancha y las conchas, símbolos jacobeos, implica la fusión de dos imágenes: la peregrina y la ecuestre. Es una representación de gran belleza y calidad, con un tratamiento preciosista de los ropajes del santo; también hay una extraordinaria recreación del artista en la representación de la violencia de la escena. Todo esto parece insinuar un lenguaje pictórico deudor estéticamente de las fórmulas flamencas, y aplicado a una imagen hispánica.

Infierno
- Representación del Infierno: En ella los demonios “cocinan” las almas de los pecadores dentro de una gran olla, mientras que otros condenados esperan su tormento compungidos. Hay una excepción a la desnudez de los malditos, se trata de un personaje ataviado como obispo, y una mujer con un tocado, que nos transmiten que la justicia divina llegará a todos los estamentos, clero y nobleza, y que no hay jerarquías ante los ojos de Dios. En el caldero hay siete almas, por lo que podrían simbolizar los siete pecados capitales, y siete almas femeninas pues femenino es el género de los siete pecados.
 




 Páginas 210-215


El gran conjunto del Balneario de San Xoán, en San Xoán de Lagostelle (Guitiriz)

La magia de las aguas está tanto en su poder milagroso de curar, como en el pretexto que suponen para la creación de un espacio relajante: el balneario. En todas las civilizaciones y en todas las épocas, se ha llevado a cabo un uso terapéutico del agua, creando estos espacios o levantando fuentes.
Galicia es rica en fuentes minero-medicinales, de las cuales muchas fueron descubiertas en tiempos remotos, pero otras tienen un descubrimiento más moderno, como Mondariz, La Toja o Guitiriz. El Balneario de Guitiriz estuvo dentro del selecto grupo de los grandes balnearios de España, por clientela y prestigio; pero también se comparó con los mejores de Europa, especialmente con los alemanes, ganando el sobrenombre de Baden-Baden o Karlsbad gallego.

Hotel-Balneario de Guitiriz, en 1908
Hasta principios del siglo XVIII no tenemos noticias de esta fuente, pero no fue hasta finales de ese siglo, cuando el profesor José Lazcano, del Hospital de Santiago, empezó a recomendar sus aguas y fueron ganando fama. En 1848, Casares Gil, de la Facultad de Farmacia de Barcelona, realizó su primer análisis, y a partir de entonces, obtuvieron las más altas recompensas en las exposiciones de Zaragoza, Londres, París y Ámsterdam, únicas a las que han concurrido.

En el siglo XVIII arranca el termalismo moderno en Europa: ir a las aguas se convirtió en hábito. Sin embargo, en Galicia habrá que esperar hasta la desamortización de 1836, cuando las propiedades de fuentes y balnearios, hasta entonces en manos de municipios y órdenes religiosas, pasen a manos de particulares. Así, en la primera década del siglo XX se desarrollaron los grandes proyectos balnearios, basados en los europeos y pensados para acoger a las élites adineradas.  A finales del siglo XIX se reúne un grupo de médicos, liderado por el Dr. Pedro Gasalla González, que da lugar a una sociedad: Gasalla y Cía. Ésta se hace responsable de impulsar la edificación del balneario, del hotel y de los jardines en torno a la fuente de San Xoán.

Exterior del Balneario hacia 1920
El hotel-balneario primitivo fue abierto a la vida oficial en 1908, pero no fue explotado hasta que Víctor Lamas Bancaño construyó un gran hotel en 1912: un edificio modernista que cumplía con el alojamiento, y que era un alarde de lujo, siendo el único de tres estrellas que había en la zona y que tenía 100 habitaciones dobles con baño, comedores y una cocina.
Los balnearios, en principio, son edificaciones a mitad de camino entre el hospital y el hotel; así, su arquitectura será limpia y desnuda, ya que responde a la salud, pero el eclecticismo de fin de siglo permitirá todas las libertades, que se manifiestan en mayor medida en la decoración interior.
El hotel del Balneario de San Xoán tenía, en principio, planta rectangular y tres pisos. Los pasillos eran anchos y altos. Las habitaciones eran amplias, con grandes ventanales, dotadas de agua corriente, luz eléctrica y buen mobiliario, y sus precios eran de 2 hasta 20 pesetas [de 0,01 a 0,12 Euros]. Para evitar las comidas en común, se abrieron comedores con pequeñas mesas independientes; los menús eran copiosos, bien presentados, e incluso se ofrecían menús de régimen. 
Con el fin de satisfacer los deseos de sus usuarios, se intentaba ofrecer todos los servicios posibles: además de la bebida y el baño, se disponía de salones donde poder descansar, distraerse y conversar; se organizaban desde juegos de salón hasta conciertos, teatro, bailes y fiestas, pasando también por actividades al aire libre (se incorporaron las instalaciones deportivas y el tenis se puso de moda); las excelencias del paisaje también será un factor a tener en cuenta; el tren, todo un símbolo de modernidad, tenía parada en el balneario, etc. 

La fuente, a unos 30 metros del hotel, se cubrió con un templete, que comentaremos en el apartado etnográfico. Posteriormente se dispuso otro pabellón que ya no se conserva, con fachada de pórtico clásico, destinado a despacho del médico-director y a Correos y Telégrafos. 

Avenida de los Cipreses, en el bosque que rodea el Hotel-Balneario de Guitiriz
El jardín presentaba avenidas amplias, sombreadas, salpicadas de bancos, en semejanza a los ingleses: embelleciendo la naturaleza sin ser palpable. La finca, de más de 40 hectáreas, se podía dividir en dos zonas: un pinar del país y un magnífico parque con cedros, tilos, acacias, cipreses, etc.

La sociedad que acudía al balneario era diversa, pobres y ricos, aunque con la debida separación. El derecho a la curación por aguas no le es negado a nadie desde las Pragmáticas de los Reyes Católicos, y ya antes existía este derecho.
Por su proximidad con la tipología del hospital, durante la guerra civil española (1936-1939), el balneario fue habilitado como tal. Fue ocupado por heridos del frente de Asturias y combatientes musulmanes, quienes construyeron una pequeña y única joya que se encuentra próxima al hotel: una mezquita. Desgraciadamente, una fallida restauración reciente ha hecho que pierda su colorido original; sin embargo, se conservan fotos de su estado anterior.  La mezquita era el lugar de reunión de la comunidad musulmana, y su estructura deriva de la casa del profeta Mahoma, como ocurre aquí, aunque en reducidas dimensiones. El acceso se realiza a través de un arco de herradura, cuyas dovelas están policromadas; una vez en el interior, encontramos un patio (sahn), con dos puertas de herradura en sus laterales, que dan paso a dos estancias cubiertas por una pequeña cúpula: una sala para las abluciones (sabil) y la sala de oraciones (haram), orientada a La Meca. En sus proximidades se encuentra un lugar conocido como “cementerio de los moros”, donde se enterraban los soldados muertos.

Tras la guerra, el Balneario de Guitiriz logra mantener su prestigio, y el pueblo sufre un proceso de modernización a la vez que el balneario, logrando un gran desarrollo: alumbrado, fábricas de ladrillos, de chocolate, de aguas gaseosas y de Seltz, de embutidos, transportes, etc. El hotel tuvo que ampliarse, pasando a tener forma en martillo. Fueron años de esplendor, pero los balnearios acabaron perdiendo protagonismo a favor de otras alternativas vacacionales, y muchos acabaron cerrando en las décadas  sesenta-setenta; el de Guitiriz cerró en 1972 y el pueblo se resintió terriblemente de su cierre.
Hotel-Balneario de Guitiriz, en 1970

En los años ochenta, los balnearios recuperan el prestigio al mostrarse como una alternativa terapéutica importante, y además por aparecer nuevas opciones de turismo y ocio. Actualmente, con el aumento de la población anciana, el moderno estilo de vida -caracterizado por el estrés y los excesos alimenticios-, y el colapso de la forma vacacional de sol y playa, los balnearios están recuperando el interés.

Don Andrés Conde compró el Balneario de Guitiriz en 1985 con la idea de recuperar las instalaciones. El 6 de octubre de 1999, la Consellería de Cultura, Comunicación Social y Turismo (de la Xunta de Galicia) autorizó a su  sociedad BALMIMESA la rehabilitación del balneario, con una inversión de 15 millones de euros. La firma de arquitectos Díaz y Díaz de A Coruña se encargó de las instalaciones. Para el hotel de cuatro estrellas no se optó por una restauración, sino por una reforma y ampliación: se procedió a un vaciado interior, a favor de una total rehabilitación que permitiera acomodar el edificio a los nuevos tiempos, prevaleciendo así el concepto de “fachadismo”. En la planta baja se proyectaron una serie de zonas comunes: restaurantes, cafeterías, salones, salones de actos, etc. En las dos plantas altas están las 87 habitaciones, y en el bajo cubierta hay 20 grandes suites abuhardilladas.
En cuanto al balneario, de nueva planta, con 3600 m2, se une al hotel por un pasadizo, aunque también cuenta con entrada independiente. Nos ofrece varias áreas:   estética, balneoterápica, termolúdica, fisioterapéutica, gimnasio y clínica. Según sus artífices, los criterios que rigen la obra se basan en el respeto por el carácter del edificio y la sensibilidad para integrarlo en su entorno: una finca de 54 hectáreas con un frondoso bosque de gran valor ecológico, en el que hallamos las antiguas caballerizas convertidas en cafetería y restaurante, el campo de golf, pistas polideportivas (tenis, paddle) y caminos de senderismo.
En la actualidad, la cadena Hesperia se encarga del hotel y del balneario e intentará convertirlo en un auténtico resort (centro con múltiples recursos). La sociedad BALMIMESA gestiona el campo de golf.
Hotel-Balneario de Guitiriz visto desde la cafetería del Club de Golf